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Un testimonio de acosos y demonizaciones

Fragmento del artículo Un testimonio de acosos y demonizaciones de Ana Julia Faya.

Mi experiencia en el campo académico tuvo un inicio adverso en el Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, que en buena medida marcó mi trayectoria posterior. Ese centro, donde estudié para desarrollar después mi trabajo como instructora de marxismo, fue cerrado. Y como para que no quedaran huellas, sus publicaciones fueron destruidas y el edificio donde radicó demolido. 

Con la filosofía, el marxismo y la historia del pensamiento político cubano que allí se investigaba e impartía se intentaba abarcar toda la obra creativa de esas especialidades, sin discriminar a autores relevantes, y se trataba de evitar los dogmas y manuales en boga provenientes del socialismo soviético. Al iniciarse la década de los años 70, los que pertenecimos al Departamento de Filosofía recibimos acusaciones de «revisionistas» por parte de la alta dirigencia del régimen cubano, en especial desde la sección ideológica del Ministerio de las Fuerzas Armadas.

La bibliografía que utilizamos en el Departamento, la cual trataba de abarcar el pensamiento de Trotsky, Gramsci, Luxemburgo o Luckacs, o penetraba en las distinciones entre las obras de Federico Engels con relación a las de Karl Marx, en la obra de Heidegger o Kierkegaard, los artículos en la revista Pensamiento Crítico, y las investigaciones sobre pensadores y políticos cubanos como Félix Varela, Guiteras o Chibás, fueron utilizados en nuestra contra. Las discusiones entre la dirección del Departamento y Pensamiento Crítico con una comisión del Partido dirigida por el Presidente Osvaldo Dorticós fueron infructuosas. La mayoría de los miembros de filas del Departamento
—aun los que no llegamos a publicar ni a impartir clases— fuimos sometidos a un tribunal compuesto por profesores y dirigentes del PCC de la Universidad que se encargó de reubicarnos, separados unos de otros, en facultades de la propia universidad o en otras instituciones del país, luego de someternos a un interrogatorio sobre lo que ellos consideraban eran los «principios» que debían guiarnos, seguido de un buen responso si nuestras respuestas no eran de su agrado. Desde entonces, pasé a formar parte de los «revisionistas de Filosofía», una especie de parias tropicales, a quienes no era recomendable acercarse mucho si se quería sobrevivir en aquella sociedad. 

Más de veinte años después, una nueva purga en el Centro de Estudios de América

La «culpa» de los investigadores del CEA, como antes había sido la de Filosofía, consistió en desarrollar la más honesta práctica académica dentro de nuestras convicciones ideológicas entonces, aun cuando los resultados de las investigaciones distaran de la política oficial. Pero, los regímenes totalitarios desconocen esto. Bajo ellos, los aparatos político y de propaganda imponen las reglas del juego y se paga caro cuando no se siguen al pie de la letra las decisiones sobre lo que puede investigarse, decirse y publicarse sobre ciertos temas, hechos y personas.

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